domingo, 8 de julio de 2012

Aprendiendo el verdadero significado de la palabra "Puerperio"


Como decía en el post anterior, he estado bastantes meses preprándome para el momento del parto, escuchando y descubriendo muchos términos relacionados con el embarazo, parto, lactancia, crianza, etc entre ellos, el de "PUERPERIO".
Ahora, después de 20 días desde que dí a luz a Vera, voy conociendo el verdadero significado de esta palabra. El puerperio no solo supone los 40 días posteriores al momento del parto. En mi opinión, no creo que el puerperio dure exactamente 30, 40, o no se cuantos días concretos, sino mas bien creo que será toda una etapa que se inició tras conocer a la pequeña y que continuará hasta pasado bastante tiempo. Estoy viviendo esta etapa como un momento de fusión completa con ella, de autoconocimiento, como el descubrimiento de facetas que aún desconocía de mí misma y principalmente como un momento de unión increible con mi niña. 
Creo que la mayoría de las personas nos preparamos para vivir nuestro embarazo de la mejor manera posible, para disfrutar de un parto respetado y "menos doloroso", cambiando la idea de un momento de dolor insoportable por la idea de "el dolor pasajero que me lleva a conocer a mi hija", pero... ¿qué hay del puerperio?. Creo que es poca la información que  nos llega sobre este proceso, aparte de lo típico de las mil y una visitas en casa, la reorganización familiar, etc. 
En esta etapa me siento bastante sensible y muy susceptible ante cualquier cosa que pase a mi alrededor y sí, por mucha información que haya recibido, creo que es dificil saber con antelación las sensaciones que cada persona puede experimentar durante este periodo. 
Me siento muy orgullosa de todas las decisiones que mi pareja y yo hemos ido tomando con respecto a la crianza de nuestra hija y me refiero de momento al hecho de darle el pecho y el hecho de que duerma en medio de nosotros dos desde que estamos en casa. En cuanto al tema de la lactancia, considero que todas las mujeres deberían probar la experiencia de dar el pecho a sus hijos, aunque tuvieran claro que quieren dar biberón. Para mí, que desde el principio tuve muy claro que prefería dar el pecho, está siendo una de las experiencias más bonitas que he vivido en los últimos tiempos. El momento de amamantar a la peque se convierte en un tiempo de unión y de conocimiento mutuo. En cuanto al tema del colecho, ya en el hospital decidí que Vera dormiría conmigo durante las dos noches que me tocó pasar allí dentro, y me resulta complicado contar el cúmulo de sensaciones vividas, pero lo que sí tengo claro es que desde el momento en que la ví, tuve claro que necesitaba calor tanto de papá como de mamá. Al llegar a casa, teníamos pensado que la primera noche durmiera en nuestra cama, y así fue. De este tema solo añadir que a día de hoy seguimos siendo tres en la cama y cada día más a gusto. Me encanta despertar a su lado, sentirla cerca durante toda la noche, ver como apenas llora porque cuando se asusta o quiere comer no tarda en sentir nuestro calor o en cogerse a la teta. Podría pasar horas y horas viendo los gestos que hace al despertarse y la cara de felicidad que tiene en todo momento. 
Me siento muy tranquila con todo lo que estamos haciendo, aunque reconozco que a veces se hace dificil, cuando continuamente escuchas consejos, opiniones de todo tipo que incluso  en ocasiones te hacen poner en duda tu modo de hacer las cosas. Principalmente sé que hay mucha gente que no es partidaria del colecho ni siquiera de amamantar al bebé cada vez que lo pida, pero creo que Vera de momento es feliz con ello, es lo que necesita y por supuesto, no creo que todo el afecto, caricias, calor corporal, etc que recibe puedan traerle nada negativo. 
Tal y como leí el otro día una frase de Carlos González "Las personas deben comprender que malcriar es criar mal. Malcriar no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle…."

sábado, 7 de julio de 2012

Recibiendo a Vera...

 Esta mañana me ha despertado un mensaje. Una compañera de kundalini yoga estaba iniciando su parto. Es curioso, pero desde ese momento, me ha costado volver a conciliar el sueño. El mensaje me ha removido y de pronto he empezado a recordar ese momento que tan recientemente he vivido. 
Han sido muchos meses los que he estado preparándome a través del kundalini yoga y las clases de preparación al parto, para cuando llegara mi momento. 
La verdad es que los últimos días de embarazo el cuerpo te va avisando de que el momento se acerca y algo dentro de mí, me decía que me quedaba poco tiempo para disfrutar de mi barriguita y de la unión tan increible que supone tener a tu bebé contigo. Han sido 40 semanas de embarazo y sin embargo se han pasado volando... sobre todo desde el momento en que empecé a notar los movimientos de Vera. 
En cuanto a mi idea del parto... a diferencia de lo que muchos piensen...  empezó en el mismo momento en que noté la primera contracción fuerte. Eran las 00.00 de la madrugada cuando llegó la primera y con tranquilidad decidí irme a dormir y descansar todo lo que pudiera, aún sabiendo que ese era el comienzo de largas horas de espera. Tuve la suerte de contar con la compañía de dos personas muy especiales, mi chico y mi madre. Ambos se habían preocupado mucho por prepararse cada uno a su modo, y principalmente por saber qué era lo que yo esperaba de ellos en ese momento. Supieron respetar cada una de mis decisiones y sin agobiarme nunca, me ayudaron de la mejor manera posible, con su compañía, confianza, seguridad y apoyo incondicional. Asi que, pasaron las horas y conseguí dormir bastante entre contracción y contracción. En cada una, adoptando las posturas que más cómodas me resultaban y que tanto me habían aconsejado. Ya por la mañana, las molestias eran cada vez más seguidas pero sabía que todavía no era mi momento. Y así, aguanté hasta las 7 y algo de la tarde, cuando éstas empezaron a darse de 4 en 4 minutos aproximadamente. Fue entonces cuando les avisé de que estaba preparada para ir al hospital (bueno... creo que nunca se está preparado para ello). 
Tal y como esperaba la llegada al hospital remueve todo dentro de ti y desde luego, no ayuda. Los monitores puestos, la matrona sin idea de que me pudiera levantar de la cama, etc... Tras decidir que finalmente me pondría la epidural (algo que no tenía pensado hacer desde un principio), esto me ayudó a confiar un poquito más en mí y a las 00.10 de la madrugada, vi asomar la cabecita de mi pequeña. Recuerdo que los cinco o diez minutos escasos que estuve en el paritorio, tras cada intento porque mi niña llegara al mundo, sonreía... sabía que era cuestión de minutos el poder abrazarla. 
Y sí... lo único que salía de nosotros en ese momento era: !qué bonita es!. 
Creo que pocos momentos pueden resultar tan emocionantes como ese.
Nunca podré agradecer lo suficiente el apoyo de  mi madre durante todos esos días y el de mi pareja, que supo estar conmigo cada día, hasta el último momento. El tiempo en la sala de dilatación se pasó relativamente rápido con su mano siempre cogiendo la mía, y la energía que recibí de mi familia, que fuera esperaban ansiosos  conocer a Vera.
 

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